La enfermedad terminal y la vida plena

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A veces, cuando escuchamos hablar de enfermedad terminal o cáncer,  nos asaltan pensamientos negativos. Y es que no es extraño que las películas, los libros y hasta las canciones nos muestren enfermedades como el cáncer para hacernos sentir tristes y sacarnos “la lágrima fácil”.

Sin embargo, la realidad es otra muy diferente. No es difícil encontrar testimonios de personas a quienes la enfermedad les ha enseñado a amar la vida. Hay quienes atraviesan un proceso de enfermedad terminal y se dan cuenta de que, gracias a la cercanía de la muerte, han sido capaces de vivir en plenitud. La enfermedad les ha mostrado que la vida es un regalo y que, mientras estamos vivos, hemos de aprovechar la vida en profundidad.

 

Despertar a una vida plena

 

Tras varias décadas de ejercicio profesional, el psicólogo estadounidense Irvin Yalom afirma que «aprender a vivir bien es aprender a morir bien». Esto es más importante de lo que parece. La mayoría del tiempo vivimos como si no nos fuéramos a morir nunca, como si la muerte afectara a todo el mundo menos a nosotros. Y por eso, a veces, creemos erróneamente que viviremos para siempre.

Cuando pensamos que la vida es para siempre, tendemos a desatender las relaciones con nuestros seres queridos y el cuidado hacia nosotros mismos. Vivimos atrapados en una ilusión en la que parece que habrá tiempo para todo, y olvidamos de que, en el fondo, nuestro tiempo es limitado.

Muchas personas que han pasado por un proceso de enfermedad terminal no han tenido más remedio que darse cuenta de que somos finitos. Al principio, asumir que somos mortales puede ser difícil. Sin embargo, cuando lo aceptamos, nos damos cuenta de que tenemos que aprovechar al máximo nuestro tiempo de vida. Vivir plenamente. Eso nos lleva a valorar la vida y a nuestros seres queridos; somos más conscientes de nuestra mortalidad, y, por tanto, apreciamos más lo que tenemos.

No es extraño, por tanto, que las personas que padecen cáncer u otras enfermedades terminales expresen más sus emociones, se sientan más cercanas a sus seres queridos y, en general, estén dispuestas a llevar una vida llena de significado. Porque nadie mejor que ellos se han dado cuenta de que no estamos vivos para perder el tiempo, sino para exprimir la vida hasta sus últimas consecuencias.

 

Nunca es tarde para vivir

 

Conocer las historias de personas que han pasado por enfermedades terminales nos ayuda a darnos cuenta de lo afortunados que somos. Lo hermoso de su testimonio es que nos avisa de que nunca es tarde para vivir plenamente: atrevernos a amar, a reír, a emocionarnos…

Todos podemos poner en práctica ese “despertar a una vida plena” del que hablábamos antes. No es necesario padecer cáncer para darse cuenta de que la vida es un regalo podemos aprovechar al máximo. Por eso…

  • Nunca es tarde para decir «te quiero» a un ser querido.
  • Nunca es tarde para pedir perdón, dar las gracias o expresar nuestras emociones a una persona que nos importe.
  • Nunca es tarde para hacer algo especial, algo que nos apasione y que nos haga sentir la alegría de estar vivos.
  • Nunca es tarde para pasar tiempo junto a quienes nos hacen sentir bien.
  • Y, en definitiva, nunca es tarde para vivir.

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